Mi nostalgia oscila, a veces,
como la hoja seca
atrapada en el ángulo de ese portal,
como tu pelo
al salir de la boca del metro
un día frío de enero,
como la brisa
inesperada y caprichosa
de aquel verano feroz,
como aquellas cosas
que no tienen sentido
pero que vuelven a la mente,
aleatoriamente, una y otra vez.
Basta un gesto, apenas un detalle
para que la función comience.
Me dejo llevar, sin preguntas,
por esa danza,
por ese ir y venir de instantes evocados.
Entonces tu ausencia se convierte
-inevitablemente- en mi compañera.
Entonces, te extraño.
Pero un poco menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario